De cuando pintar de forma académica era el último grito

Retrato de Carlos Luis

Con el título Effigies Amicorum se presenta en el Museo del Prado una colección de obras de Federico de Madrazo en la que está presente la evolución en el retrato que tuvo el autor a lo largo de la mayor parte del siglo XIX. Es normal que sus amigos fueran pintores y de hecho  figuran en la exposición muchos de ellos. Atributo de todos ellos en la época era la perilla y vemos hasta los cambios de pincel que hizo Federico para pintarlas. Muy fino al principio y normal más adelante.

Su retrato de Carlos Luis de Ribera es ya un prodigio de grises y negros que avanzan lo que luego en Sorolla sería el culmen con el maravilloso retrato de Aureliano de Beruete . Este retrato enorgullecía a su padre D. José de Madrazo porque era mejor que el que Carlos Luis había hecho de Federico y Don José sabía, aunque le costara reconocerlo,  que el padre de Carlos Luis era mejor pintor que él. Pequeñas envidias.

Otro de los grandes retratos que están en la exposición es el de Eduardo Rosales , un Rosales joven y en que se aprecia la estima como pintor que de él tenía Madrazo pese a la juventud de Rosales.

Eso sí, en Sala Singular echamos de menos la representación de más retratos de cuerpo entero porque en ocasiones, el formato de retrato se hace algo repetitivo.

La exposición se celebra con motivo del segundo centenario del nacimiento del que es, sin duda, un autor especial para el Museo del Prado, puesto que Federico Marazo  fue director del Museo del Prado en dos ocasiones. Puedes visitar la exposición hasta el 10 de enero.

Si antes de ir,  te apetece profundizar en su vida y obra puedes hacerlo de la mano de Javier Barón, Jefe del Área de Conservación de Pintura del Siglo XIX del Museo Nacional del Prado.

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